La hakama

La hakama () es un pantalón largo con siete pliegues o tablas (cinco por delante y dos más en la parte posterior), que probablemente sea el símbolo más distintivo del aikido, aunque también se utiliza en otras artes marciales como el kendo, el iaido y el kyudo.

hakamaOriginariamente se confeccionaba con telas gruesas, ya que su función básica era proteger las piernas. Posteriormente se convirtió en un símbolo de posición que permitía distinguir claramente a un noble o a un samurai, evolucionando hacia una confección de tejido más ligero, frecuentemente de color oscuro (negro, azul, gris).

Su forma actual se estableció durante el período Edo (1603 – 1868), durante el cual era portada indistintamente por mujeres y hombres. También existían faldas tubulares, sin piernas, y hakamas extremadamente largas (alrededor de 5 metros) que utilizaban las visitas al shogun, dificultando sus movimientos y reduciendo el riesgo de ataques a la autoridad.

hakama2Actualmente son los practicantes de las artes marciales citadas quienes mantienen vivo el tradicional uso de la prenda, de un tipo denominado joba hakama, reservándolo, en general, para aquellos de mayor grado, ya que no hay un acuerdo universal al respecto (aunque O Sensei era claro: todos los practicantes debían portar hakama).

La hakama se fija al cuerpo con cuatro cintas (himo): dos largas que salen de los laterales de la parte frontal, y dos más cortas que nacen de la parte posterior, donde se encuentra una pieza flexible denominada koshiita.

hakama3

  • Koshiita: refuerzo posterior, panel de material firme pero flexible
  • Himo: cintas
  • Mae-himo: cintas largas frontales (mae)
  • Ushiro-himo: cintas cortas posteriores (ushiro)
  • Hida; pliegues
  • Ohida: pliegues posteriores
  • Yosehida: pliegues frontales

Se puede anudar de diferentes formas: la forma del guerrero (shin mushubi), el denominado método común (jumonji mushubi) y otros. Tampoco aquí hay acuerdos generales.

Los siete pliegues tienen diversas interpretaciones simbólicas. En la tradición budista japonesa los pliegues representan los Cinco Elementos (godai, literalmente los cinco grandes): agua, tierra, fuego, viento y vacío, más la dualidad Yin y Yang.

samurai
Foto antigua de samurai (finales del siglo XIX)

La filosofía budista del godai se conoce en occidente gracias al guerrero Miyamoto Musashi (debajo), que en su libro Gorin-no-sho (El Libro de los Cinco Anillos) describe distintos aspectos del manejo samurai del sable asignándole a cada uno un elemento.

Musashi
Miyamoto Musashi

 

 

 

 

 

 

 

Y según la interpretación tradicional del bushido, el camino del guerrero, los pliegues representan los siete códigos del samurai:

  1. Yu: Coraje, valor. Verás gente a tu alrededor que se oculta, pero no te ocultes; actúa cuando sea necesario, de un modo inteligente y fuerte. Cambia el miedo por el respeto y la precaución. Intenta vivir de forma plena.
  2. Jin: Benevolencia, generosidad. Muestra una atención completa hacia el otro, sin importar quién sea. Ten cuidado de no causar dolor o problemas innecesarios, tanto a ti mismo como a los demás.
  3. Gi: Justicia, integridad, rectitud. Sé honrado, respétate a ti mismo y a los otros. Sé fiel a tu palabra e inténtalo con tus ideales. Trata de discernir entre lo que es correcto y lo que no lo es; aquí no existen tonos grises.
  4. Rei: Etiqueta, cortesía, respeto. La cortesía expresa, mediante gestos y actitudes, un auténtico interés hacia los demás. La etiqueta en el dojo manifiesta esa cortesía, un entorno en el que interactuamos con los otros de manera agradable y armoniosa. No tienes motivos para ser cruel, no demuestres tu fuerza. Recibirás respeto si respetas a los demás.
  5. Makoto: Sinceridad, honestidad. Sin sinceridad, la práctica del aikido es sólo una simulación o una gesticulación inútil. Si no eres sincero en tu trabajo, te mientes a ti mismo e impides que otros progresen. Cuando dices que harás algo, hazlo. El compromiso debe ser inequívoco, porque la impostura no dura mucho ante las demandas de los demás.
  6. Chuugi: Lealtad, fidelidad. Sé fiel a lo que otros esperan de ti; no traiciones la confianza que te muestra un compañero. Tus palabras y tus hechos deben ser tus huellas: siempre te siguen, y los demás te deberían encontrar siguiéndolas.
  7. Meiyo: Honor, dignidad. El samurai es quien juzga su propio honor. ¿Quién es en realidad?. Es un reflejo de las decisiones que toma y cómo las lleva a cabo: no puede ocultarse de sí mismo. Para un aikidoka, para un occidental, ¿qué es el honor?. Quizá se relacione con la facultad de ser y hacer sin traicionarse a uno mismo. Si es así, se convertiría en un camino de autoconocimiento: intenta ser tú mismo, intenta ser mejor. Que no te confundan tus propios juicios.

Existen varios modos de doblar la hakama después de su uso. La intención es mantenerla sin arrugas, con los pliegues bien definidos y las cintas ajustadas firmemente. En realidad, el significado ura – oculto – del plegado es provocar un momento sereno, casi meditativo, antes del retorno al mundo ajetreado. El cuidado con que el practicante trata a su hakama puede decir mucho sobre su estado emocional.

Trabajamos con el keikogi (稽古着, uniforme de entrenamiento) o aikidogi (gi, uniforme). Lo compramos ilusionados al principio de nuestro camino. Pero la hakama es otra cosa; quien la use verá que obra milagros: mejora la posición general dando una sensación de estabilidad, ayuda a concentrar la atención en determinados movimientos, la fijación de las cintas estabiliza la cintura y contribuye a tomar conciencia de los desplazamientos del hara, de la posición de la pelvis, sin olvidar el factor psicológico de sentirse un verdadero practicante de aikido. En cierta manera, la hakama representa un vínculo entre el practicante occidental y la cultura japonesa tradicional.

Takeda
El samurai Sokaku Takeda (1859 – 1943)

Bajo un punto de vista estético, o mejor, si consideramos el asunto de la percepción del ki, el fluir de la tela potencia el flujo del movimiento, enfatizando la circularidad natural de los movimientos del aikido: durante una caída, nuestra visión periférica percibe a la hakama desplegándose como un abanico, una vela, un ala. Esta percepción estética podría ser la puerta hacia una verdadera fuente de conciencia.

No olvidemos que la hakama originariamente era un signo de nobleza. Este aroma perdura en el practicante en forma de un sentido de dignidad, o responsabilidad; cuando uno se pone la hakama, no se mueve de la misma manera que sin ella. El primer día en que uno se pone la hakama, comienza a ser otro aikidoka.

 

Si permitimos que la importancia de la hakama se desvanezca, tal vez comencemos a permitir que los fundamentos del espíritu del aikido caigan también en el olvido.

Mitsugi Saotome, Los Principios del Aikido.

Cómo atarse una hakama. Escuela Mizu Aikido
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Cómo doblar una hakama. Martial Fusion
familia
Familia japonesa. Fotografía coloreada (anterior a 1886)
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